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 Antes del confinamiento, era tal nuestra actividad diaria, que todos compartíamos una misma creencia: al día le faltaban horas. Pasábamos los días hilvanando, una tras otra, las numerosas actividades en las que nos veíamos inmersos.   

Este nivel de exigencia nos permitía al finalizar cada jornada, caer rendidos en la cama. Puede que no descansáramos las horas necesarias, pero sí que cualitativamente, disfrutábamos de horas de sueño de calidad.

 

¿En la nueva situación, por qué es necesario reajustar nuestro reloj biológico?

 

Porque de un día para otro, nos vimos obligados a modificar todos los horarios que, desde varios meses atrás, teníamos interiorizados: hora de levantarse, ir a trabajar, llevar y recoger a los hijos del colegio, comidas, gimnasio, amigos, reuniones, etc.

En el nuevo marco del aislamiento, hemos tenido que modificar nuestros horarios. A nuestro reloj biológico le encantan los horarios regulares en todos los ámbitos, ya sea en las comidas, en la hora de despertar, en el ocio, el estudio, el teletrabajo, la actividad física. Fíjate como será de importante, que hasta el contacto social diario que desde ventanas y balcones realizamos diariamente a las 20.00 horas, le sirve de señal para reajustar su ritmo.

Manteniendo unas rutinas diarias regulares durante el asilamiento conseguimos “poner en hora” nuestro reloj biológico. Debemos establecer unos horarios regulares de sueño y minimizar cualquier posible alteración que incida en nuestra calidad de vida. Así conseguiremos descansar y dormir mejor. 

 

Principales alteraciones en el ritmo del sueño que están sucediendo 

Personas que caen en la tentación de dormir más de la cuenta o, personas que por angustia o preocupación no duermen lo necesario.

Personas que sufren un sueño irregular ocasionado, bien por disfrutar de siestas muy largas, lo cual, les dificulta el sueño nocturno, o bien, por entrar en un círculo vicioso en el que cada día de manera progresiva se levantan y se acuestan más tarde, alterando su ciclo de sueño.

Personas que no consiguen mantener un sueño continuo durante la noche. El sueño se ve fragmentado cada vez que se mueven o cada vez que se dan la vuelta  en la cama provocando pequeños microdespertares. Todas las preocupaciones que conviven en su interior durante el día irrumpen abruptamente durante el sueño, ocasionando insomnio.

Pesadillas que antes no nos visitaban, ahora acuden puntualmente cada noche, y más concretamente durante su segunda mitad.

¿Cómo ponemos en hora nuestro reloj biológico?

 

Hay que separar claramente las actividades propias del día con las de la noche. Todo aquello que llevemos a cabo para contrastar el día de la noche beneficiará a nuestro reloj y por tanto a nuestro sueño. Para ello potenciaremos cada una de ellas de manera individual, marcando con claridad los lugares y los tiempos:

En las actividades del día habrá claridad, luz, alegría, ruido. Seremos más activos. La noche debe ser calmada, tranquila, tenue, oscura, y claramente dedicada al reposo, marcándonos una hora de irse a dormir.

Durante el día tenemos que buscar momentos para exponernos a la luz del día (no solo por la vitamina D) para recargar nuestras baterías de alegría y de ánimo. Con ello, afrontaremos con éxito el resto del día.

 

¿Qué errores debemos evitar en la puesta a punto de nuestro reloj?

 

1. Teletrabajo

No llevarnos el portátil a la cama para trabajar desde allí.

No sentarse ante el ordenador con el pijama puesto. Es fundamental vestirse como si tuviéramos que acudir presencialmente a la oficina.

2. Filtrar y controlar la cantidad de información que recibimos diariamente

Somos adictos a la información cuando tenemos miedo. El problema radica en que esa información, en lugar de calmarnos, nos agudiza el estrés.

Una o dos horas antes de irse a dormir es necesario reposar mentalmente. Hay que buscar la tranquilidad y el silencio, alejándose del ruido exterior que producen las noticias.

3. Fijarse objetivos a corto, a medio y a largo plazo

Objetivos a largo plazo:

Son importantes porque al terminar el aislamiento tendremos que reinventarnos. Con total seguridad la situación individual de cada uno será distinta a la que recordamos.

Objetivos a medio plazo:

Durante las semanas que aún nos quedan de aislamiento, puedes dedicarlas a tu crecimiento personal, ampliando conocimientos y mejorando aptitudes. Seguro que tienes proyectos que llevabas tiempo pretendiendo iniciar o retomar y que, por falta de tiempo, se quedaron pospuestos. Ahora es el momento ideal de ponerlos en marcha.

Objetivos a corto plazo:

El tener planificadas, con horario incluido, tareas para el día siguiente te permitirá levantarte y afrontarlas con más energía.

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